Frente al estante de cepillos de dientes es fácil quedarse en blanco. Estas son las cuatro cosas que de verdad importan.
Cerdas suaves, casi siempre
Las cerdas suaves limpian igual de bien que las duras y son mucho más amables con el esmalte y las encías. Las cerdas duras o medias, sobre todo si cepillas con fuerza, pueden desgastar el diente cerca de la encía y hacer que esta se retraiga con los años.
Si tienes dudas, quédate con “suave” o “extra suave”.
Un cabezal que llegue a todos lados
El cabezal debe ser lo bastante pequeño para alcanzar las muelas del fondo y la cara interna de los dientes sin forzar la mandíbula. En general, un cabezal más compacto da más control que uno grande.
Manual o eléctrico: los dos sirven
Un cepillo manual bien usado limpia perfectamente. El cepillo eléctrico ayuda sobre todo a quien cepilla con demasiada fuerza (muchos avisan con una luz o vibración) o a quien tiene poca destreza en las manos. No es imprescindible, pero si te motiva a cepillar mejor, vale la pena.
Cámbialo cada 3 meses
Cuando las cerdas se abren o se aplastan, el cepillo deja de limpiar bien. Cámbialo cada tres meses, o antes si lo ves gastado, y siempre después de una infección de garganta o gripe.
La técnica importa más que el cepillo: dos minutos, dos veces al día, con movimientos suaves y sin olvidar la línea de la encía. Si quieres que revisemos tu técnica o el estado de tus encías, agenda una valoración.